Grupo ICC
Tecnologia • 1 de julio de 2026

De consultar a la IA a trabajar con IA: el salto que necesitan los equipos públicos

Muchas organizaciones ya han empezado a utilizar herramientas de inteligencia artificial. A veces para resumir un documento, preparar un correo, pedir una idea o resolver una duda puntual. Ese primer uso es valioso porque reduce barreras y permite experimentar. Pero no transforma por sí solo la forma de trabajar.

El verdadero salto aparece cuando la IA deja de ser una ventana a la que se acude de vez en cuando y empieza a integrarse en procesos reales: gestión administrativa, seguimiento de proyectos, preparación documental, análisis de información, planificación de tareas, atención a usuarios o coordinación interna.

Ese cambio no depende únicamente de tener una licencia, una herramienta concreta o una plataforma corporativa. Depende, sobre todo, de que los equipos entiendan dónde puede ayudar la IA en su trabajo diario, qué tareas se repiten, qué cuellos de botella existen y qué decisiones deben seguir bajo responsabilidad humana.

La herramienta no es el punto de partida

Una de las confusiones más frecuentes es pensar que la adopción de inteligencia artificial empieza eligiendo tecnología. En realidad, para muchas organizaciones públicas el primer paso debería ser mucho más cercano: observar cómo trabajan las personas.

Qué hacen al empezar la jornada. Qué documentos revisan una y otra vez. Qué consultas reciben. Qué tareas se acumulan en determinados momentos. Qué procedimientos exigen manejar muchas variables. Qué parte del trabajo requiere criterio experto y qué parte consiste en ordenar, localizar, comparar o preparar información.

Ahí es donde la IA puede encontrar usos concretos. No como sustitución de los equipos, sino como apoyo para reducir carga repetitiva, mejorar la preparación de documentos, acelerar análisis previos o ayudar a mantener una visión más clara de los procesos.

Grupo ICC y Fundación Emprende colaboran en esta línea de trabajo desde un enfoque práctico: empezar por las personas, entender los procesos y prototipar usos concretos antes de plantear despliegues más ambiciosos.

La experiencia demuestra que no todos los equipos parten del mismo lugar. Hay personas que utilizan IA con naturalidad, otras que la miran con distancia y otras que todavía no ven cómo puede aportar valor a su función. Esa diversidad no es un problema. Es precisamente el punto de partida de una buena estrategia de acompañamiento.

Mentoría, diagnóstico y prototipos

Frente a una formación genérica, las mentorías permiten trabajar sobre el caso real de cada equipo. No se trata solo de explicar qué es una herramienta, sino de descubrir junto a las personas dónde puede aportar valor en su actividad concreta.

Ese proceso puede empezar con una primera fase individual, orientada a conocer el grado de familiaridad con la IA, las tareas habituales y las expectativas o resistencias. Después puede ampliarse al equipo cercano que sostiene el día a día del servicio. Finalmente, las ideas detectadas pueden convertirse en prototipos acotados sobre procesos reales.

Ese recorrido evita dos riesgos habituales: quedarse en una charla inspiradora sin aplicación práctica o intentar implantar una solución tecnológica antes de entender el problema. La IA pública necesita método, contexto y una selección cuidadosa de prioridades.

El objetivo no es que cada persona “pruebe una IA” de forma aislada, sino que la organización aprenda a detectar usos útiles, seguros y sostenibles. En algunos casos será preparar mejor la documentación. En otros, ordenar expedientes, anticipar picos de trabajo, analizar convocatorias, asistir en la gestión de personal o mejorar la atención a usuarios.

Pasar de consultar a la IA a trabajar con IA significa precisamente eso: convertir una herramienta ocasional en una capacidad organizativa. Y para lograrlo, el punto de partida no es la tecnología, sino las personas que conocen el trabajo real.